Mía atravesó todo el campus siguiendo a los estudiantes que iban a la fiesta de la fogata, impulsada por una fuerza externa, la cual no podía explicar. Simplemente sintió que debía hacerlo y así lo hizo.
A medida que se acercaba a donde se encontraban todos, una sensación extraña se asentaba en su estómago, provocándole un malestar que realmente la incomodaba. Lo que experimentaba podía describirse como ese sexto sentido, ese mal presentimiento que te dice que algo va a salir terriblemente mal.