Dereck parecía una fiera enjaulada, caminando de un lado a otro como si al hacerlo pudiese conseguir un resultado diferente. El cuerpo de Mía había dejado de temblar, pero seguía inconsciente. En ese momento solo rogaba al cielo que la mordida no hubiese surtido efecto, sin embargo, sabía que solo era una especie de negación a la realidad, pues no podía ignorar que su piel se había curado y que ella estaba adquiriendo las características de una mujer loba convertida.
Mientras tanto, observaba a