El chico de cabello plateado se mantuvo oculto entre las sombras mientras observaba al lobo encolerizado rugiendo con furia en medio del bosque. El sonido retumbante llegó a sus oídos como un eco amenazador, confirmando sus temores: su rival había regresado. Estaba convencido de que no podía ser otro que aquel que marcó a Mía sin siquiera revelarle su verdadera naturaleza.
Los ojos de Damien siguieron cada movimiento del lobo, quien, ajeno a su presencia, descargaba su ira contra el tronco de u