Me levanto y salgo de la habitación, adelante de mí hay un largo pasillo, camino lo más rápido posible hasta llegar a una puerta, la abro y salgo, miro todo, no estoy en mi manada.
—¿Cómo demonios llegue yo aquí? —Pregunto a la nada, este es como si fuera un paraíso. —¿Y cuando me quedé dormido si apenas pegue el ojo, donde rayos estoy? —Gruñó.
—Yo te traje—. Su voz melodiosa estremece cada fibra de mi cuerpo.
Me giro hacia ella, la miro se pies a cabeza, se ve tan hermosa y diferente tiene un