PAIGE
La escuela resultó ser maravillosa y todo el personal fue muy acogedor. La directora, quien prefiere que la llamen Regina en lugar de señora Green, no pareció inmutarse cuando le expliqué la historia de Jaxon en su escuela anterior.
Para cuando terminó el recorrido, Jax ya había hecho amistad con algunos de los niños y no quería irse. Regina aceptó que empezara mañana yendo solo medio día antes de iniciar el horario completo la próxima semana.
La caminata de regreso por el pueblo fue agradable. Nos detuvimos a comprar helado en un pequeño local. Luego pasamos por materiales de arte a una papelería, para que Jaxon pudiera sentarse en el jardín a pintar mientras yo llamaba a las compañías de servicios para dejar todo instalado.
Sigo en espera con la compañía de internet cuando tocan a la puerta. Miro a Jax, que sigue sentado en el jardín trasero pintando, y voy a abrir. Poppy no avisó que vendría hoy y todavía no conocemos a nadie aquí, así que tengo la tentación de ignorarlo, pero la curiosidad me gana y abro la puerta.
El corazón se me paraliza por un segundo cuando Callen me devuelve la mirada con una sonrisa, y mis ojos bajan a su mano, buscando la marca de nacimiento.
—Hola, perdón por venir sin avisar, pero iba pasando y pensé que igual y Jaxon quería jugar un rato a la pelota —dice Callen, con una pelota bajo el brazo.
Se cambió de ropa desde que lo vi hace unas horas. Cambió sus shorts negros y la camiseta por una playera azul cielo que hace que sus ojos se vean aún más azules.
—Este... ahorita está ocupado —digo, cuando Jaxon entra corriendo, sosteniendo su pintura y declarando con orgullo que ha terminado.
—¡No! —grita Jax emocionado al verlo en la puerta. Corre hacia él, se tropieza con su agujeta desatada y aterriza contra la pared y el piso de madera.
—¡Estoy bien! —declara Jax antes de que tenga oportunidad de preguntarle.
—Tranquilo, campeón, no hay prisa —dice Callen.
Ayudo a Jaxon a levantarse y lo reviso. No parece herido, pero su pintura está destruida, al igual que la pared que antes estaba impecable. Pintura azul, roja y amarilla está embarrada por el muro color crema, como un intento burdo de arcoíris.
—Basura —maldigo en voz baja y corro a la cocina por un trapo. Esta no es la primera impresión que quiero darle al casero cuando venga mañana.
—Perdón, mami —dice Jaxon con los ojos llenos de lágrimas mientras mira el desastre en la pared.
—No pasa nada, mi amor, fue un accidente —lo tranquilizo mientras intento limpiar la pintura de la pared, lo cual solo parece empeorarlo al extender la mancha.
—A ver, deja te ayudo. Fue mi culpa por llegar así de la nada —dice Callen, entrando a la casa y extendiendo la mano para pedirme el trapo.
Estoy a punto de protestar cuando el celular que tengo pegado a la oreja me conecta con un agente. Asiento y le paso el trapo a Callen para atender la llamada. Si no necesitara el internet para trabajar, habría colgado para llamar mañana, pero su atención al cliente concluye pronto y necesito estar conectada cuanto antes para cumplir con la fecha de entrega del manuscrito.
Doy todos mis datos y negocio un buen paquete de televisión y banda ancha mientras veo a Callen y a Jaxon limpiar la pared. Luego salen al jardín trasero a jugar futbol mientras los observo por la ventana.
Cuando termino la llamada, me quedo viendo jugar a Jaxon. Se ve muy feliz y disfrutando muchísimo el juego. Greg nunca tenía tiempo para jugar con él así. Siempre estaba demasiado cansado o muy ocupado, y yo nunca fui buena para los deportes. Mi papá siempre decía que tenía dos pies izquierdos.
Mientras los miro, no puedo evitar que mi mente imagine otra vida. Si Ryder no hubiera desaparecido y hubiéramos vivido juntos como familia los últimos seis años, ¿así se habría visto nuestra vida? ¿Jax y Ryder en el jardín jugando a la pelota mientras yo preparo la cena? Me sorprendo sonriendo ante esa vida imaginaria y luego suspiro.
Necesito preguntarle a Callen si tiene hermanos. Creo que esa es la mejor manera de ver si sabe algo de Ryder, porque nadie podrá convencerme de que no son gemelos. Sin embargo, no puedo preguntar delante de Jaxon. Si Callen revela que es hermano de Ryder y que pasó algo terrible, o que Ryder no quiere conocer a Jax, solo estaría exponiendo a mi hijo a un dolor innecesario.
Salgo al jardín y Callen me sonríe.
—Creo que aquí tienes a una futura estrella del futbol.
—¡Metí gol! —dice Jax, levantando la mano al aire.
—Ya sé, lo vi. Muy bien, Jax, fue un golazo —le sonrío.
—¿Se puede quedar Callen a cenar? —pregunta Jaxon con sus grandes ojos azules llenos de esperanza.
—Seguro Callen ya tiene planes.
—No, no tengo —se encoge de hombros Callen.
—Qué bien —forzo una sonrisa, no muy entusiasmada con la idea de tenerlo cenando aquí cuando lo conocimos hace apenas unas horas.
—¿Qué tal si pido algo de cenar? Hay un italiano buenísimo que tiene servicio a domicilio y su lasaña está al dente —dice Callen con un gesto de antojo.
—Me gusta la lasaña —asiente Jaxon.
—¿Entonces tres órdenes de lasaña? —pregunta Callen, mirándome.
—Claro, y gracias por ayudar con la pared y con Jaxon.
—No hay problema.
Aunque no quería que se quedara, puedo ver cuánto disfruta Jaxon tenerlo aquí, y eso lo distrae de pensar en Greg. Además, podría encontrar un momento para hacerle algunas preguntas cuando Jax no esté escuchando.
Callen tenía razón. La lasaña estaba increíble y tuve que luchar contra las ganas de gemir de gusto como él cuando el bocado pareció derretirse en mi boca. Después de cenar, mando a Jaxon arriba a lavarse y ponerse la pijama mientras recogemos la mesa.
—Eres bueno con los niños. ¿Hay muchos en tu familia? —pregunto, tratando de no sonar como si lo estuviera interrogando.
—No, en mi familia no, pero hay varios niños en mi... grupo de amigos —hace una pausa, lo que me hace sospechar que preferiría haber usado otras palabras.
—¿Y tienes mucha familia aquí en el pueblo?
—La verdad no. Crecí en casas hogar y apenas hace poco me enteré de que tengo un hermano —dice mientras llevamos los platos sucios al fregadero.
El corazón me retumba en el pecho y se me corta la respiración. Casi se me caen los platos al fregadero porque me tiemblan las manos.
—¿Hermano mayor o menor? —pregunto, y la voz me sale más aguda de lo que quisiera.
—Pues no estoy seguro. Somos gemelos y no sabemos cuál de los dos nació primero, pero creo que yo soy el mayor —se ríe.
—¿Y él vive aquí en el pueblo?
—Sí, en las afueras —responde.
Me siento mareada y me agarro de la barra de la cocina para estabilizarme. Tenía razón. Es el gemelo de Ryder, y Ryder está vivo y aquí, en el pueblo al que me acabo de mudar. ¿Es esto el destino o una coincidencia?
No tengo idea de qué decir ahora. ¿Le digo que su gemelo es el padre de Jaxon? ¿Le exijo que me lleve con él o que lo llame para que venga? ¿Cómo manejo esto manteniendo a mi hijo a salvo?