PAIGE
—Me gusta estar aquí, mami —murmura Jax, sonriéndome con ojos soñolientos mientras le acaricio el cabello con suavidad.
Le devuelvo la sonrisa, pero no respondo. He aprendido que este es su momento, esos escasos minutos de tranquilidad antes de dormir, cuando sus pensamientos se desbordan. Si digo demasiado, hablará durante horas con preguntas interminables e ideas aleatorias.
Este se ha convertido en nuestro ritual nocturno. A veces le leo hasta que sus párpados pesan demasiado para mante