Capítulo 4
PAIGE

La suave luz dorada de la mañana inunda mi recámara; me giro hacia la ventana y observo el amanecer con tranquilidad y la sensación de que estoy ante un nuevo comienzo.

Hoy me siento como una mujer nueva. Se acabaron las preocupaciones por Greg y sus cambios de humor. Se acabó el estar a las carreras cocinando el desayuno antes de que él salga disparado al trabajo.

Un pensamiento amargo se cuela en mi mente al preguntarme si siquiera me extraña. Lo más probable es que no lo haya pensado dos veces antes de invitar a Leanne a casa. Seguramente ella durmió en mi cama y le está preparando el desayuno ahora.

Con un resoplido de enfado, aviento las sábanas y bajo las piernas de la cama. No voy a desperdiciar ni un minuto más pensando en Greg, hoy no. Este es el primer día del resto de mi vida y no voy a permitir que ni él ni Leanne lo arruinen.

—Hola, mami —dice Jax mientras entra a la cocina tallándose los ojos, todavía con su pijama de legos.

—Buenos días, mi amor. ¿Dormiste bien? —le pregunto mientras sirvo huevos revueltos en nuestros platos para acompañar el pan tostado con mantequilla.

—Sí. Mi cama está bien suavecita. Parece una nube gigante y esponjosa —responde con una sonrisa adormilada.

—Qué bueno. Ándale, ven a desayunar. Después podemos ir a dar una vuelta por el pueblo antes de la cita en la escuela.

Se sube al banco de la barra y le pongo el plato enfrente antes de servirnos un vaso de jugo de naranja a cada uno.

En cuanto terminamos de comer, ayudo a Jaxon a vestirse y nos vamos al parque. Como es día de clases, el lugar está vacío, solo nosotros dos disfrutando del silencio, lo cual es un cambio muy agradable.

Empujo a Jax en el columpio y luego lo veo bajar a toda velocidad por la resbaladilla una y otra vez. Cuando corre hacia el pasamanos, lo sigo y me quedo parada debajo de él por si se resbala. Están más altos de lo que me gustaría, pero se le nota la determinación. No hay manera de convencerlo de que no lo intente.

Jaxon agarra la primera barra con su manita.

—Eso es. Ahora balancéate y trata de alcanzar la que sigue —le digo para animarlo.

Me mantengo cerca, lista para atraparlo.

—Muy bien. Tú sigue —le echo porras mientras cuelga de los barrotes de metal.

Impulsa su cuerpo y estira el brazo hacia la siguiente barra, agarrándola con un gruñido de esfuerzo. Pero cuando trata de lanzarse hacia la tercera, pierde el vuelo. Sus dedos apenas la rozan antes de caer en mis brazos.

—Fue un buen intento, bebé. Nada más te aceleraste un poquito —le digo mientras lo pongo en el suelo con cuidado.

Jaxon arruga la frente y camina pisando fuerte de regreso a la escalera para intentarlo otra vez. En esta ocasión, ni siquiera llega a la segunda barra antes de resbalarse.

—¡Odio esta cosa estúpida! —grita, y su voz hace eco en el parque vacío.

—Cálmate. No pasa nada, ya te va a salir —le digo, tratando de tranquilizarlo.

—¡No! —grita, dejándose caer en el piso de caucho, golpeando con los puños y pataleando de pura frustración.

—Shh, mi amor, ya, tranquilo. Ya sé que desespera, pero enojarte no va a ayudar.

Me arrodillo a su lado y lo abrazo. Rara vez hace berrinches así, pero después de todo lo que ha pasado en los últimos días, no me sorprende. De hecho, ya me esperaba que explotara en algún momento.

—Cálmate, cachorro —retumba una voz profunda detrás de nosotros.

Jaxon se queda quieto en mis brazos. Toma una bocanada de aire temblorosa y su pechito sube y baja mientras se tranquiliza. Me doy la vuelta y mi mirada se clava en un par de ojos azules impresionantes que han rondado mis sueños durante años.

Ryder.

Abre mucho los ojos cuando me ve y luego su mirada se desvía hacia Jaxon. No puedo hablar. Estoy paralizada, dividida entre el impulso de correr a sus brazos o exigirle una explicación.

—Perdón —dice rápido, sacudiendo la cabeza como si tratara de aclararse las ideas—. Deben ser nuevos en el pueblo. Soy Callen.

—¿Callen? —repito, arrugando la frente.

Debí haber escuchado mal. Este es Ryder. Ha cambiado, sí, está más ancho de espalda y más marcado, pero ¿esos ojos? Los reconocería donde fuera. Son los mismos ojos que tiene mi hijo.

—Sí, Callen Harris —dice, extendiendo una mano—. ¿Y tú eres...?

Miro su mano extendida, buscando la pequeña mancha de nacimiento que Ryder siempre tuvo, pero no está. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede alguien parecerse tanto a Ryder... pero no ser él?

—Soy Paige, y este es mi hijo, Jaxon —respondo.

Intento estrecharle la mano, pero Jaxon me gana; agarra la mano de Callen, se pone de pie de un salto y lo abraza de la cintura.

Callen se ríe bajito y le alborota el cabello a Jax como si se conocieran de toda la vida. Me levanto y me quedo ahí parada, petrificada. Jax nunca agarra confianza tan rápido con extraños, y menos con hombres.

¿Sentirá algo? ¿Algún tipo de conexión? Porque es imposible que Callen y Ryder no sean parientes.

Ryder nunca conoció a sus padres biológicos. ¿Podría Callen ser un gemelo del que nunca supo? Pero, ¿cuáles son las probabilidades de que me encuentre con los dos? ¿Y cómo saco el tema? Por lo que sé, a lo mejor Callen también fue adoptado y no tiene ni idea. Voy a tener que irme con cuidado y tratar de averiguar más antes de mencionar nada.

Separo a Jaxon del desconocido, haciendo una nota mental para hablar con él más tarde sobre los peligros de hablar con extraños.

—¿De dónde nos visitan? —pregunta Callen.

—Nos acabamos de mudar, venimos del sur —le cuento—. ¿Y tú? ¿Llevas mucho viviendo aquí?

—Unos cuatro años. ¿Tienen familia aquí?

—En el pueblo no. Mi hermana está en la universidad, en la ciudad de al lado. Nos mudamos para estar más cerca de ella.

—Qué bien. ¿Tu esposo conoce a alguien por aquí? —pregunta, señalando con la cabeza el anillo de matrimonio que se me olvidó que traía puesto.

Se me revuelve el estómago. Se me había pasado quitarme el anillo. Me lo saco y lo guardo en la bolsa trasera del pantalón.

—Ah, no. Solo somos Jax y yo ahora.

—Qué pena. Si necesitan ayuda para la mudanza, avísame. La escuela es fantástica y hay lugares muy buenos para comer. Con gusto les doy un tour —ofrece, y me lanza una sonrisa que hace que sienta una sacudida. Se parece tanto a Ryder.

—Gracias, pero de hecho tenemos una cita en la escuela ahorita —le digo.

—Yo también voy para allá. Déjenme acompañarlos —responde.

—Gracias. ¿Tienes hijos ahí? —le pregunto mientras caminamos.

—No, yo coordino las sesiones de deportes para algunos de los... niños con mucha energía.

—¿Me vas a enseñar deportes a mí? —interviene Jaxon.

—Claro que sí. ¿Cuáles te gustan?

—No sé. Mis maestros decían que soy muy fuerte para jugar con los otros niños.

—Bueno, eso no va a ser problema aquí. Tenemos muchos niños fuertes. ¿Tu papá te enseñó alguno?

—No. Todavía no conozco a mi papá. Pero yo creo que va a venir por mí cuando pueda —dice Jaxon con una esperanza que me parte el alma.

—Estoy seguro de que sí —dice Callen con suavidad, y luego me lanza una mirada de lástima.

Se nota que tiene preguntas, pero por suerte no las hace. Al llegar a la escuela, Callen nos lleva a la recepción y va a buscar a la directora. Poco después, una mujer delgada de cabello rubio corto y ojos cafés muy amables nos saluda.

Para mi sorpresa, Jaxon corre y también la abraza.

¿Qué le está pasando? ¿Será que se siente perdido e inseguro sin Greg? ¿O hay algo más detrás de todo esto?
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP