PAIGE
El viaje de cuatro horas nos toma un poco más debido a mi incapacidad para seguir instrucciones sencillas del GPS. Cuando por fin cruzamos la frontera de nuestro nuevo pueblo, siento una paz repentina. Al bajar la velocidad, el letrero rústico de madera que dice “Bienvenidos a Cinderwood” me hace sonreír.
—Aquí es —le digo a Jax, quien voltea hacia la ventana para contemplar nuestro nuevo hogar.
—¿Dónde está la tía Pops? —pregunta.
—Creo que nos está esperando en la casa nueva.
Conduzco despacio por el pintoresco pueblo, tomándome el tiempo para admirar las casas de estilo antiguo y las calles limpias. Le señalo un parque y la pequeña escuela a Jaxon, y él habla emocionado sobre hacer nuevos amigos.
Al llegar a la pequeña casa que alquilé, veo a Poppy y a su amiga Annie esperándonos en el porche delantero. Me había puesto de acuerdo con ella para que recogiera las llaves con el casero.
—¡Tía Pops! —grita Jaxon entusiasmado mientras abro la puerta de mi auto.
—Hola, pequeño J, te extrañé —dice Poppy, acercándose para ayudarlo a bajar del auto y luego envolviéndolo en un abrazo.
—Ya. Me vas a apachurrar —se ríe Jaxon mientras intenta zafarse de sus brazos.
—Ándale, ya quiero que veas tu nueva recámara —dice ella, dándome un abrazo rápido con un brazo antes de llevarlo adentro.
Observo cómo entran y me recargo en mi auto para asimilarlo todo. Respiro. El denso bosque detrás de nuestra nueva casa inunda el aire con el aroma fresco y limpio a pino. El sol brilla, los pájaros cantan y tengo un buen presentimiento sobre este lugar. Nunca había estado aquí, pero se siente como si estuviera regresando a casa.
—¡Mami, ven a ver! —llama Jax desde la puerta, haciéndome señas para que entre.
Le devuelvo el saludo y voy a la parte trasera del auto, tomando nuestras maletas antes de cargarlas hacia la casa. El lugar está limpio y ya tiene un ambiente hogareño. Todas las paredes están pintadas de color magnolia. Son como un lienzo en blanco para decorar a nuestro gusto. Tenemos un periodo de prueba de seis meses impuesto por el casero antes de poder decorar, así que tendremos tiempo de sobra para planear.
Sigo a Jaxon escaleras arriba, donde me muestra emocionado su nueva recámara. La suya está al frente de la casa y es un poco más pequeña que mi habitación, que está enfrente. Ambos cuartos tienen cama matrimonial, y Jax se sube a la suya.
—¿Te gusta tu cuarto nuevo? —le pregunto mientras él brinca emocionado en la cama.
—Me encanta. Es mucho más grande que el viejo y esta cama es gigante.
—¿Qué tal si guardamos tu ropa mientras tu mami y la tía Pops traen el resto de las cosas? —pregunta Annie, y Jaxon asiente.
—Gracias. —Le dedico una sonrisa de agradecimiento a Annie y llevo la segunda maleta a mi cuarto.
Dejo la maleta junto al ropero y me detengo a mirar por la ventana de mi recámara. La vista es hermosa. Hay un pequeño jardín y luego árboles hasta donde alcanza la vista. Escogí esta habitación porque me encanta el paisaje y el asiento junto a la ventana. Será perfecto para leer.
—Está divino, ¿no? —dice Poppy, sentándose a mi lado en el asiento de la ventana.
—Me encanta. Gracias por esto. Creo que es la mejor idea que has tenido —le digo, empujando mi hombro contra el suyo en tono de broma.
—Vas a estar bien, Paige. De todas formas eras demasiado para el amargado de Greg, y a J le va a ir de maravilla aquí. Lo sé. Además, los hombres por estos rumbos están guapísimos. Juro que debe haber algo en el agua. Todos los que he visto en este pueblo están súper musculosos. Deben tener un gimnasio buenísimo —se ríe.
—Ya terminé con los hombres. —Niego.
—¿Qué, ahora te gustan las mujeres? También vi algunas muy guapas —dice moviendo las cejas en tono de burla.
—Ni hombres ni mujeres, se acabaron las citas. Siempre terminan rompiéndome el corazón. De ahora en adelante, somos solo Jaxon y yo —le digo con determinación.
—Apenas le has dado una oportunidad a alguien. Has tenido dos novios en toda tu vida. Mamá siempre decía que hay que besar a varios sapos antes de encontrar al príncipe. No puedes rendirte todavía —me aprieta la mano.
—Ryder no era un sapo.
—No, era un maldito fantasma. Olvídalo, y a Greg también. Tu príncipe llegará cuando sea el momento adecuado. Ahora deja de lamentarte, tenemos cosas que desempacar —dice aplaudiendo.
Suspiro y me levanto para seguirla, cuando un movimiento fuera de la ventana capta mi atención. Me inclino más cerca del cristal, tratando de descifrar qué acabo de ver entre los árboles. Fuera lo que fuera, era grande y rápido.
¿A lo mejor hay venados aquí, o quizás era el perro enorme de alguien? No le doy importancia y bajo las escaleras para meter el resto de nuestras pertenencias.
Para la hora de la cena, ya terminamos de desempacar y fuimos al supermercado, llenando el refrigerador y las alacenas con todo lo que necesitaremos para los próximos días.
Poppy y Annie se quedan a cenar con nosotros antes de regresar a su alojamiento de estudiantes en la universidad. Me ofrezco a llevarlas, pero Jaxon ya se quedó dormido, así que una amiga pasa por ellas.
La universidad está a solo veinte minutos en auto, y estoy muy feliz de estar cerca de mi hermana otra vez. Odiaba no poder verla seguido por la distancia. Después de un día ajetreado de mudanza y desamor, decido prepararme un té de manzanilla y subir a leer un rato en el asiento de la ventana antes de dormir. Necesito relajarme y descansar antes de otro día ocupado mañana.
No estoy segura de si estoy manejando esta ruptura particularmente bien, o si no me ha pegado del todo todavía, porque aunque estoy triste, no soy el mar de lágrimas que esperaba ser. ¿Tal vez es este pueblo? O quizás no amaba a Greg tanto como creía.
En algún momento debí quedarme dormida, porque un ruido repentino me despierta y mi lector electrónico cae al suelo haciendo ruido. El sonido fue casi como un lamento, o un aullido de dolor. Tras revisar rápidamente a Jaxon, que duerme tranquilo, ignoro el ruido pensando que fue alguna criatura del bosque y recojo mi libro.
Se me eriza la piel de la nuca, y tengo la incómoda sensación de ser observada. Mis ojos se mueven hacia la ventana, pero es difícil ver algo porque está muy oscuro afuera. Cierro las cortinas deprisa, atribuyendo la sensación a los nervios de estar en un lugar nuevo.
Reviso rápidamente todas las puertas y ventanas, asegurándome de que tengan seguro antes de meterme a la cama. Gracias al libro que estaba leyendo antes de dormir, pasé el resto de la noche soñando con lobos persiguiéndose juguetonamente por el bosque.