Capítulo 26
Aquel día, Caio llegó tarde a casa. Una reunión con cena de última hora le había quitado las fuerzas y, sinceramente, no entendía cómo su hermano conseguía manejarse trabajando tanto. Estaba exhausto.
En cuanto entró, cerró la puerta con llave y fue directo a la habitación. La corbata ya le colgaba floja en la mano. Cuando levantó la vista, se dio cuenta de que había alguien acostado en la cama. Gracias a la suave claridad de la luz de la luna que entraba por la ventana, no necesitó