Capítulo 27
Rosie se acomodó la bolsa en el hombro, comprobando que tenía el cheque bien guardado. Caio se lo había dado por las vacaciones, y ella ya sabía que no resistiría gastar una parte antes de que terminara el día. El banco abriría en pocos minutos, perfecto para depositar y luego darse el lujo de respirar un poco fuera de casa.
Esta vez no llamó a la limusina. Pidió un taxi y esperaba junto al portón, cuando percibió una sombra acercándose por el rabillo del ojo. Era el jardinero, con