Capítulo 25
Mientras tanto, Caio intentaba terminar sus tareas en el despacho cuando oyó la voz alterada de la secretaria y el sonido de alguien entrando en la sala.
— ¡Ya le dije que no puede entrar, señora! — gruñó la secretaria, claramente irritada por la osadía de la visitante.
Lorraine no se inmutó y caminó con confianza. Llevaba un vestido provocativo que mostraba todo y más. Caio la miró con rabia; nada en esa mujer le había interesado jamás.
— Solo quiero hablar — dijo ella, apartando a