El viernes llegó con una pesadez inusual, cargado con el cansancio de una semana que parecía haber durado un mes. Victoria guardó sus últimos documentos, cerró su laptop y suspiró, anhelando un fin de semana de silencio y muros seguros. Sin embargo, al cruzar el umbral de cristal de Obsidian, la realidad la golpeó de frente.
Daniel estaba allí, parado junto a la acera, justo cuando Julián detenía el auto con una precisión milimétrica. La presencia de Daniel era como un imán que distorsionaba