Victoria y Daniel salieron del baño envueltos en el vapor residual de la ducha. Ella aún sentía que el suelo oscilaba bajo sus pies; la mezcla de alcohol y la intensidad del encuentro la habían dejado en un estado de vulnerabilidad absoluta. Se aferró a la toalla blanca, sintiéndose extrañamente expuesta en el santuario del hombre que, en teoría, debería ser su mayor rival.
—Ponte esto —dijo Daniel, extendiéndole una camisa de pijama de seda negra.
Victoria la observó con duda. ¿En serio ib