La cena transcurría con una cordialidad que ocultaba los dientes afilados de los negocios. Los padres de Mateo, figuras imponentes de la vieja aristocracia de Valemont, no quitaban los ojos de Victoria, analizándola no como una invitada, sino como la pieza que completaría su imperio.
—Gael, qué gusto al fin conocer a tu hermosa hija —comentó el padre de Mateo, levantando su copa—. Mateo nos había hablado de la famosa "Heredera Rivera", pero se quedó corto.
—No mencionó nunca que fuera tan h