La mañana del martes no comenzó con la alarma habitual, sino con el martilleo incesante de las notificaciones. Victoria extendió la mano hacia la mesa de noche, con los ojos todavía pesados por la noche en el club, pero lo que vio en la pantalla la despejó de golpe.
Eran decenas de mensajes de Estefany, pero uno destacaba sobre el resto: una captura de pantalla de la sección de alta sociedad de Valemont. El titular, en letras doradas y elegantes, parecía gritarle desde la palma de su mano: "A