El estacionamiento de Obsidian Global estaba sumido en la penumbra de la tarde cuando Victoria y Estefany vieron aparecer a Daniel. No venía solo. Caminaba con esa elegancia gélida que lo caracterizaba, escoltando a la mujer que Victoria había visto en su despacho. Carolina, al pasar junto a ellas, no mostró ni un ápice de la arrogancia que Victoria esperaba; al contrario, les dedicó una sonrisa genuinamente amable antes de que Julián le abriera la puerta del auto con la eficiencia de un reloj