El bosque parecía un laberinto interminable de troncos y hojas. Victoria ya había perdido por completo la noción del tiempo en mitad de la negrura; no tenía la menor idea de cuánto llevaban caminando entre la maleza. Podían ser veinte minutos, una hora o tal vez mucho más. La oscuridad total de la madrugada convertía el entorno en una masa uniforme y confusa de árboles, sombras y ramas bajas que dificultaban cada paso.
Daniel avanzaba unos cuantos palmos por delante de ella. Se mostraba sumame