Las puertas de urgencias del hospital de Valemont se abrieron de golpe, estrellándose contra las paredes con un eco violento. Daniel Meléndez atravesó el vestíbulo principal sin disminuir el paso ni un solo segundo, ignorando los protocolos, las miradas de pánico y los pasillos de linóleo. Llevaba a Victoria firmemente apretada contra su pecho, con una fuerza desmedida, como si en su mente analítica soltarla fuera el equivalente exacto a perderla para siempre en la oscuridad.
La sangre, todav