Las horas avanzaban con una lentitud insoportable, estirándose como una agonía silenciosa por los pasillos del hospital.
Daniel seguía sentado, rígido como una pieza de mármol, justo frente a las puertas cerradas de doble hoja del área quirúrgica. No recordaba con precisión cuánto tiempo exacto llevaba allí atrapado.
Tampoco le importaba en lo más mínimo.
Una enfermera de guardia había intentado convencerlo de recibir atención médica inmediata al menos en tres ocasiones distintas.
Otra