La tranquilidad del desayuno familiar quedó definitivamente atrás en cuanto Daniel cruzó las imponentes puertas de Obsidian. El piso ejecutivo de la firma funcionaba bajo una lógica completamente distinta a la de la mansión: una frecuencia muchísimo más fría, más precisa y decididamente más peligrosa, donde un solo paso en falso podía costar un imperio.
Daniel se encontraba concentrado, revisando minuciosamente varios informes financieros sobre su escritorio de madera oscura, cuando escuchó do