Cuando abandonaron las instalaciones de Obsidiana, el clima en el exterior había cambiado de forma sutil. El sol de mediodía seguía brillando con fuerza sobre la ciudad, pero las ráfagas de aire fresco que se colaban entre las avenidas anunciaban, casi en un susurro, que el otoño comenzaba a acercarse poco a poco a Valemont.
Victoria inhaló profundamente el aire limpio de la mañana mientras descendían los escalones de piedra del restaurante, sintiendo una ligereza que hacía meses no experiment