Victoria despertó lentamente la mañana siguiente, dejando que la calidez del momento la arrullara antes de abrir los ojos por completo. Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil, atrapada en ese limbo difuso entre el sueño y la realidad, donde el único sonido que rompía la quietud era el suave y rítmico murmullo del aire acondicionado de la suite.
Fue entonces cuando registró la sutil presión del brazo firme que rodeaba su cintura, manteniéndola unida a un torso sólido, y el latid