La tarde transcurría con relativa tranquilidad en Valemont. O al menos, con toda la tranquilidad que se podía esperar de una salida de compras en la que dos corpulentos guardaespaldas caminaban a escasos metros detrás de ellas, vigilando cada perímetro con una discreción ensayada.
Victoria sostenía los sofisticados cordones de varias bolsas de marcas exclusivas mientras recorría, junto a Berenice, uno de los pasillos más lujosos y pulcros del centro comercial. El eco de sus tacones y los teni