Daniel cedió por completo. La vibración de su risa desapareció contra los labios de ella, reemplazada por un sonido bajo que delató su rendición. Dejó de resistirse al agua y al magnetismo de Victoria; con un movimiento rápido de su muñeca libre, se desabrochó nuevamente el reloj, dejándolo caer sobre el mármol del lavabo con un golpe seco.
Ya no le importaba la ropa, ni el interrogatorio, ni las reglas.
Se quitó la camisa con una mano implacable, arrojándola al suelo húmedo, y entró a la t