El agua caliente de la tina cubría por completo los hombros de Victoria, brindándole un alivio casi celestial para los adoloridos músculos de su cuerpo. Se estaba relajando allí después de la accidentada cena, intentando sumergir también sus tensiones bajo la espuma, cuando el sordo clic de la cerradura resonó y la puerta del baño se abrió de par en par.
Victoria ni siquiera se sorprendió. No se molestó en cubrirse ni en reclamar. Últimamente, Daniel parecía haber olvidado por completo el conc