El departamento estaba sumido en un silencio sepulcral cuando Daniel y Victoria finalmente regresaron esa noche.
Después del ruido ensordecedor del hospital infantil, el bullicio de los periodistas y los rítmicos e intensos impactos de la academia de boxeo, la tranquilidad repentina del lugar se sentía extrañamente pesada, casi asfixiante. El contraste era demasiado abrupto, devolviéndolos de golpe a la realidad de la que habían logrado escapar por unas horas.
Apenas cruzaron el umbral y cerr