Victoria abrió lentamente los ojos mientras la tenue luz grisácea de la mañana atravesaba las enormes cortinas de la habitación del departamento. El clima seguía obstinadamente nublado; la tormenta de la noche anterior se había retirado a medias, dejando el cielo pesado, plomizo y frío, cubriendo Valemont con esa sensación incómoda de una amenaza contenida que amenazaba con estallar en cualquier momento.
Permaneció inmóvil sobre las sábanas unos segundos más, todavía atrapada en ese limbo dif