Ricardo cayó al suelo con brutalidad, arrastrando una silla en su trayectoria y provocando que varias copas de cristal de baccarat se hicieran añicos contra el mármol impecable del salón, esparciendo fragmentos brillantes e hilos de licor por el suelo.
La música de la orquesta se detuvo de golpe, dejando una nota trunca flotando en el aire. Las conversaciones murieron al unísono. Y durante un segundo interminable, que pareció estirarse como una agonía, toda la alta sociedad de Valemont quedó c