Unos días después, la lluvia que parecía haberse adueñado del cielo de Valemont finalmente había dado tregua, dejando tras de sí un ambiente fresco y el asfalto lavado de la ciudad.
El departamento permanecía extrañamente tranquilo aquella mañana. No era el silencio incómodo de la desconfianza, ni la quietud tensa que precede a las tormentas. Solo era… una atmósfera extrañamente cómoda, un respiro necesario que ambos se estaban permitiendo después de tantos días en el ojo del huracán.
Victori