La lluvia continuaba cayendo suavemente sobre Valemont, un susurro monótono y adormecedor que se estrellaba contra los cristales. El televisor seguía encendido frente a ellos, reproduciendo en bucle algún programa nocturno que ninguno de los dos había estado viendo realmente desde hacía rato, convirtiéndose en un simple ruido blanco de fondo. En algún momento de la madrugada, entre el cansancio acumulado de los últimos días, el peso del luto, el silencio compartido y esa calma extraña y cálida