Las copas de vino ya estaban a medio terminar cuando la conversación finalmente abandonó la cortesía superficial y entró directamente al terreno de los negocios. El ambiente, antes dictado por la diplomacia, se volvió denso y afilado, el tipo de escenario donde Daniel Meléndez se movía con una comodidad absoluta.
El empresario francés apoyó lentamente los cubiertos sobre el plato antes de mirar a Daniel con interés genuino, entornando los ojos de manera analítica.
—El proyecto de Valemont e