Victoria regresó minutos después a la oficina de seguridad al recordar que había dejado un folder sobre uno de los escritorios. Lex, cuya paciencia pendía de un hilo entre tantos reportes, levantó inmediatamente la mirada al verla entrar, buscando una señal de tregua.
—¿Y bien? —preguntó con esperanza—. ¿Ya somos libres o seguimos condenados?
Victoria tomó el folder tranquilamente, evaluando la situación con una calma que desesperó a Lex por un segundo.
—Mmm… yo diría que lo segundo —resp