El aroma a café recién hecho flotaba en la cocina, denso y amargo, llenando cada rincón del espacio. Victoria ya estaba allí, de pie frente a la barra, con las manos ocupadas en tareas pequeñas, moviéndose más por la inercia de la costumbre que por una verdadera necesidad de ser útil.
Mónica permanecía sentada a la mesa, el brillo de su tablet reflejándose en sus ojos mientras revisaba documentos con una frialdad ejecutiva. Cerca de la ventana, Adele se mantenía como una estatua de mármol, ob