La última palada de tierra cayó sobre el féretro, un golpe sordo y definitivo que puso punto final a la era de Gael Rivera. El sonido fue seco, carente de la grandeza que el hombre había ostentado en vida.
Victoria sintió cómo el aire se le quedaba atrapado en la garganta. Algo en su pecho se tensó hasta el límite de lo humano, una cuerda que había soportado semanas de traiciones y secretos, y que finalmente —ante el peso de la tierra— cedió. La realidad la alcanzó con la fuerza de un impacto