La residencia Garza no era solo una casa esa noche; era una caja de resonancia donde cada tintineo de cristal y cada risa amortiguada recordaba a Victoria la fragilidad de su nueva posición. El aire estaba saturado de perfumes caros y del aroma metálico del poder, ese que ella ahora debía portar como una armadura.
Caminar junto a Carlos se sentía como una coreografía estudiada. Victoria sentía el roce de la seda de su vestido contra las piernas, un recordatorio constante de que ya no era la m