El bar era un refugio de sombras y madera vieja, el tipo de lugar donde el tiempo se detiene y las identidades se desdibujan entre el humo y el tintineo de los hielos. Daniel se hundió en el asiento de cuero, sintiendo cómo el peso de la conversación con su abuelo se transformaba en una presión sorda tras las sienes. No buscaba compañía, buscaba el olvido líquido que Julián le había facilitado antes de retirarse con la lealtad silenciosa de siempre.
—Vaya… —la voz de Lex Duarte cortó la penum