66. UN RESPIRO
[SOFÍA]
El calor seco de Nevada nos golpea apenas bajamos del auto que nos trae desde el aeropuerto. Aun con las gafas de sol puestas, siento los flashes clavarse en mi piel como agujas, los gritos de los periodistas, los rumores que corren entre los turistas curiosos que reconocen a Francesco al instante.
Pero apenas cruzamos la puerta giratoria del hotel, el mundo cambia. El ruido se amortigua, el aire fresco del lobby nos envuelve, y por primera vez desde que dejamos Milán siento que puedo r