GABRIEL SILVA
—Ay si… así… no pares —dijo Isabella arrastrando su dulce voz mientras se reacomodaba sobre las sábanas de mi cama—. Gabriel…
Estiró su mano, buscándome. Con una amplia sonrisa, divertido por ser el dueño también de sus sueños, tomé su mano y la besé con ternura. —Guillermina, cuida de ella hasta que vuelva.
—Sí, señor… —respondió mi ama de llaves con una gran sonrisa—. ¿Irá por el niño?
Volteé hacia ella en completo silencio y mi sonrisa respondió por mí.
—¡Qué maravilla! ¡Prep