ISABELLA RODRÍGUEZ
Escuché una voz distorsionada a mi espalda, tomándome por sorpresa. Mi piel se erizó y de nuevo mis ojos se encontraron con esa profunda oscuridad. —Ah… gracias, creo…
—Disfruté mucho tu concierto… —agregó elevando mi curiosidad—. Cantas hermoso.
—Me alegra… pero… ¿puede mostrarse? —Me sentía muy nerviosa y mi respiración se entrecortaba. Aún no lo había visto y mi corazón ya estaba latiendo desesperado dentro de mi pecho.
De pronto escuché como la puerta se cerraba po