ISABELLA RODRÍGUEZ
Mientras un par de policías nos llevaban hacia las celdas, Yolanda se quedó como perro guardián amenazando y haciendo llamadas. ¿Quién diría que, con su estatura reducida y aspecto inofensivo, era tan brava? Por lo menos podía jactarse de tener contactos muy poderosos en varios estratos.
—¿Isabella? ¡¿Qué haces aquí?! —exclamó Gabriel al verme entrar.
Mi corazón se partió por la mitad en cuanto lo vi detrás de las rejas, tenía el labio partido y un ojo morado. De pronto se m