Alana.
ENCRUCIJADA.
Podía sentir como en mi tímpano retumbaba el latido de mi corazón. Yo creí haber escuchado mal, pero su mirada me decía que no. Allí estaba él sentado, tomando de su copa, y también me sonreía como si estuviera mandando todo a la mierd@.
Como si no le importara lo que pasara por esta locura que estaba dispuesto hacer, mientras todas mis paredes, absolutamente todas, se derrumbaron en un santiamén.
—Farid…
—Te escucho…
Negué lentamente.
—Esto imposible… lo sabes…
Él tomó el a