Lorenzo
La farsa comienza desde que salimos perfectamente ataviados de la suite.
Miro a Liliana de reojo mientras esperamos el ascensor privado que nos llevará al gran salón del hotel. Lleva un vestido sastre impecable, el cabello recogido con una elegancia que resalta su cuello largo y la barbilla en alto, se ve tan preciosa que mi cuerpo reacciona al instante solo por darle el repaso descarado como si fuese un acosador. Se percibe tan elegante que cualquiera que la viera pensaría que nació co