Liliana
María de los Ángeles se despide de su padre con un abrazo tenso, no hace amago de querer besarle la mejilla, tampoco de quedarse mucho tiempo entre sus brazos. No sonríe. Sin embargo, veo que siente la necesidad de demostrar que lo puede tolerar, aunque sea un poco.
Lorenzo se conforma con eso y besa su coronilla con delicadeza y amor, sabe que de ahora en adelante el trabajo con ella va a ser arduo entre la empresa, las visitas al juzgado y, sobre todo, la convivencia. Esa parte que a