Lorenzo
El piso bajo mis pies, se mueve. Nunca había sentido algo así al sentir que las piernas quieren dejar de sostenerme. El grito, las palabras y el llanto se me quedan clavados en la garganta de tal manera que me arde como el infierno además de que el alcohol se me devuelve quemando, calcinando.
—¡Lorenzo, maldita sea! ¡ayuda! —todo me da vueltas.
—¿Lorenzo?
Abro los ojos y me encuentro recostado en el sillón triple de la sala de estar. Los ojos no me dejan de lagrimear y al ver el rostro