Liliana
Me observa con como si hasta el aire que se respira aquí dentro le perteneciera. Es una igualada que solo lame los zapatos de Lorenzo, se que eso corresponde a un pensamiento arrogante y malicioso, pero es la realidad. Si ella se revuelca con mi esposo de mentira me importa muy poco, lo que yo jamás haré es ser parte de un plan que me degrade como mujer y menos si Lorenzo no está de acuerdo con ello.
—Mira, Marcela —le digo, bajando el tono de voz para que suene más letal—, puede que yo