Liliana
A duras penas he logrado avanzar con el equipaje. En medio de la habitación de María de los Ángeles, se hayan dos enormes maletas que permanecen abiertas sobre la alfombra como si fuesen las bocas de unos cocodrilos. Me muevo de un lado a otro con un nudo en la garganta, intentando discernir qué demonios necesita una niña de cinco años para un mes en el Caribe, especialmente una que está convencida de que su padre es un ogro de cuento de hadas. Despliego vestidos ligeros, camisetas de a