Laura.-
Mi pierna no dejaba temblar, ya prácticamente no tenía uñas. Ya tenía todo preparado para salir de este confinamiento espantoso, las horas me parecieron eternas cuando la puerta se abrió me levanté del catre como si un resorte me hubiera pinchado el culo.
— Señorita Harper, es hora ya puede irse –dejé escapar un gran resoplido al escuchar esas palabras–. Tenemos en custodia a Antonella Ferreti.
Me paralicé.
— ¿Me puedes dejar unos minutos con ella? Prometo dejarla viva aunque ganas