ISABELLE
«¡Nooo!». Me desperté sobresaltada, con el corazón latiéndome con fuerza contra las costillas y gotas de sudor resbalándome por la cara. Las sábanas se enredaban alrededor de mis piernas, también húmedas por el sudor, y respiraba con jadeos superficiales.
La pesadilla que se había convertido en parte de mí, solo que esta vez era tan vívida y el fuego parecía tan real y sofocante, que aún podía oír los gritos y sentir el olor a humo que parecía no abandonar nunca mis pulmones.
Me sent