JAKE
Gruñí al despertarme y miré fijamente el despertador que estaba en la mesita de noche junto a mí. Su brillante luz verde neón iluminaba un poco la habitación. Eran las 5:30, lo cual era bastante inusual. No era de los que se levantaban temprano y, además, había decidido no ir a trabajar.
Aunque era lunes por la mañana, había pasado la noche anterior hablando con uno de los inversores de la empresa, ya que la diferencia horaria nos había dificultado mucho la comunicación.
Había terminado l