Capítulo 23 —Fuego Cruzado en la Sangre
En la madrugada de Roma se había desatado en una tormenta eléctrica que golpeaba con furia los cristales blindados de la residencia. El cielo, teñido de un gris plomizo, parecía presagiar el colapso de la tregua. Alessia no había pegado el ojo; se mantenía en el salón principal, sentada en uno de los sillones de cuero con una postura que desafiaba el cansancio. El eco de los truenos se mezclaba con el tic-tac del reloj de pared, contando los minutos de una